viernes, 23 de enero de 2009

MILK, GUS VAN SANT


Las películas de derechos civiles se han convertido en un género. Un género moderno, reciclado para que la academia te tenga en cuenta. Y todas ellas deben seguir un esquema común. 

Las pelis de derechos civiles corren un riesgo muy grande, y es que puede que solo interesen a las personas de las cuales habla a nivel histórico: las mujeres, los negros, los indios o, como es el caso, los gays. Normalmente, para evitar esto, las pelis cargan el guión de muchas mas subtramas o temas. Uno de los más recurrentes y acertados es hablar de la época, a todos los niveles. En el caso de MILK, el tema de los derechos de los homosexuales es el centro absoluto de la película, cosa que no tiene prqué ser un error, pero convierte a la historia en una especie de panfleto. Hable de lo que hable a nivel político un film, esto es muy aburrido. Toda la peli es una especie de declaración de derechos y principios.

Sean Penn realiza un trabajo, como siempre, magnífico. Genial. Su interpretación de un político gay de los años 70 está cargada de verdad y ritmo. En ningún momento se va a lo fácil. A lo típico. Todo el tono de su actuación es contenido a nivel de gestos fáciles. Descubre una forma de interpretar a un personaje real. No a un personaje gay. Es simplemente un personaje que lo es. Su actuación hace más incapié en los objetivos de su personaje.

Gus Van Sant es un director, gay declarado, al que la historia le interesa mucho. Empeñado en que sepamos que el tiene amaneramientos a la hora de manejar el cine, carga todas sus pelis con detalles para que lo sepamos. Y entonces las historias se resienten, porque no dirige estando ajustándose a lo que cuenta un guión. MILK arranca con demasiados detalles sobre como se instalaron el y su grupo en San Francisco.  El planteamiento empieza muy tarde, y el ritmo es demasiado marcado por los hechos reales. La realidad no suele ser muy cinematográfica. Cuando esto ocurre hay que transformar la realidad, y llevarla a lugares más cinéticos. MILK tiene un ritmo muy poco cinético en ocasiones.

Josh Brolin es, junto a Sean Penn, lo mejor de la cinta. Con una interpretación absolutamente genial. Poderosa y creíble a todos los niveles.

Una de las cosas que hace peor a la peli es la interpretación irritante y horrible de Diego Luna. Estúpida y típica. Pero no es el problema. El problema es la indecisión de Van Sant a la hora de decantarse por un tono independiente de puramente de Hollywood.

 Sin embargo, la peli es entretenida. Sean Penn y Brolin la hacen interesante. Muy divertida a ratos. Con un buen montaje. Y un final muy bueno. El climax está magníficamente rodado, con una sencillez inesperada en un momento inesperado. Muy bueno. Salva el tercer acto de alguna manera. 

1 comentario:

Rodrighetto dijo...
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